Dime con quién andas y te diré quién eres… Marina

Dicen los clásicos de la sabiduría popular que el amor todo lo puede, pero en la política de Baja California, el amor (o más bien el oportuno trámite de divorcio) sirve para intentar lavar culpas ajenas. Qué bonita y conmovedora resulta la historia de nuestra gobernadora, Marina del Pilar Ávila, quien parece haber tomado al pie de la letra aquel viejo refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Claro, hasta que a tu pareja le cancelan la visa gringa y los billetes verdes del vecino del norte empiezan a oler a corrupción, narcotráfico y lavado de dinero; ahí el refrán se cambia rápidamente por un “yo a ese señor apenas y lo conozco”.

Hagamos una retrospectiva de este tierno lío institucional. Todo iba viento en popa hasta que en mayo de 2025, el Departamento de Estado de los Estados Unidos decidió cortarle el cordón umbilical del “sueño americano” a la feliz pareja, revocándoles las visas. En la narrativa oficial, Marina nos quiso vender el cuento de que era un simple “asunto administrativo” y defendió con capa y espada a su entonces marido, Carlos Alberto Torres Torres, quien para colmo operaba como coordinador de Proyectos Estratégicos de su propio gobierno. El nepotismo, como siempre, con un toque de distinción.

Pero el amor tiene un límite presupuestal y de control de daños. Cuatro meses después del “incidente” diplomático, anunciaron un repentino divorcio. Qué coincidencia tan más jurídica. Se deslindó de la cama, pero no del cargo. Mientras las agencias de inteligencia y la Fiscalía General de la República (FGR) le pisaban los talones a Carlos Torres por investigaciones que hoy sabemos que incluyen lavado de dinero, narcotráfico y extorsión, la gobernadora prefirió aferrarse a la silla antes que permitir una investigación transparente. En lugar de apartarse para no entorpecer los procesos, la maquinaria estatal se dedicó a cobijar la sombra de la narcopolítica en el estado.

¿Y en qué quedó el drama? Bueno, pues parece que la “austeridad” y el miedo a la justicia no aplican igual para todos. Mientras el estado que gobierna se desangra en una despiadada guerra de cárteles, su flamante exesposo fue capturado por las cámaras no por la policía, sino por las transmisiones internacionales. Ahí estaba Carlos Torres, muy campante, relajado y disfrutando en una zona preferencial durante el partido inaugural del Mundial de Fútbol en el Estadio Azteca el pasado junio de 2026. Al parecer, ser investigado por el Departamento de Justicia de EE.UU. por presuntamente recibir pagos de hasta 500 mil dólares quincenales del crimen organizado no te quita las ganas de gritar un gol.

Pero si usted pensaba que la gobernadora era una víctima colateral de los malos pasos de su ex, la realidad y los audios filtrados tienen otros datos. La más reciente polémica que sacude los pasillos de Mexicali es un audio destapado por el periodista Héctor de Mauleón. En la grabación, la mismísima Marina del Pilar reconoce su propia voz buscando desesperadamente un acercamiento y un acuerdo con las autoridades de Estados Unidos. Ante el escándalo, la mandataria salió a aplicar la vieja y confiable fórmula de la política mexicana: “Sí es mi voz, pero la reunión jamás ocurrió”. Vaya lógica tan magistral. Es como aceptar que planeaste el atraco, pero jurar que eres inocente porque te dio miedo abrir la caja fuerte.

La realidad es que el agua le está llegando al cuello a la gobernadora. Tras bambalinas, fuentes diplomáticas confirman que el gobierno de Claudia Sheinbaum ya siente la presión de Washington, donde el caso sigue abiertamente congelado en una corte pero listo para estallar. Le han sugerido sutilmente que pida licencia. Pero Marina prefiere seguir jugando al gato y al ratón, estirando la liga del cinismo y gobernando un estado bajo la sombra de la sospecha más obscura.

Al final, Marina del Pilar nos demostró que el divorcio fue una mera estrategia de relaciones públicas. Podrá haber firmado un papel para separarse legalmente del imputado, pero en el tribunal de la opinión pública, los audios, los dólares ocultos y las omisiones la mantienen atada al mismo banquillo de los acusados. Dime con quién andas, Marina… y el tiempo nos dirá exactamente quién eres.

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Redacción
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